¿QUIÉN PUEDE SER EL TUTOR DE ESTE CICLO?

lunes, 7 de abril de 2008

Lucho Barrios - Resignación

CRÓNICA - Escrita por Pavel Martiarena - UBAQUIVEL

Resignación, palabra un tanto conformista para algunos, para otros la escapatoria del buen perdedor y así sucesivamente se pueden mencionar otros significados de acuerdo a la percepción de cada uno. Lo que es cierto es que esta historia tiene mucho de esa palabra, haciendo que nuestra imaginación vuele a inicios de los años 50, 60 y como en este caso a los glorioso 70, y digo glorioso saliendo del contexto y recordando aquellas hazañas futbolísticas que nos enferman de alegría y a su vez, de tristeza y rencor al ver el presente. Pero bueno, no es de eso que quiero escribir, he almorzado hace poco y seguramente mis nervios estallarán de odio por esos detalles.
Lima por aquellos años sufría de una metamorfosis tremenda, su gente iba cambiando a medida que los camiones traían a los que en ese momento se llamaban “provincianos”. Con el tiempo y el correr de generaciones, estos dejaban de usar esa etiqueta para después convertirse en etiqueteros de los nuevos “limeños”, seguramente hoy en día no se sepa con exactitud como usar el gentilicio de Lima en más de 8 millones de habitantes, pero la suerte ya está echada, resignémonos a decir que todos somos peruanos.
Pero bueno, sigamos con la colección de hechos. En tales circunstancias nació un primero de noviembre de 1977 en el distrito de Rímac, la pequeña Fanny Pizarro Casachahua. De contextura liviana, ella era considerada en esos momentos como el salvavidas de su familia, porque su padre, de nombre Moisés, huancaíno de raza trabajadora y su madre Ilda, natural de un pequeño pueblito de llamado Muqui en Junín, ambos estaban próximos a separarse por razones de convivencia.
Última de tres hermanos, la pequeña Fanny sufrió los primeros años por los padres que le tocaron. Es que a veces por más hijos que existan los lazos se gastan, se acaban y se oxidan. En esas circunstancias sus papás se separaron cuando ella contaba con 8 años, y disimulaba sus pesares jugando con los amiguitos vecinos en esos callejones de un solo caño, mientras tanto los adultos seguían con sus actos más infantiles aún.
La señora Ilda, madre soltera y con tres hijos, siendo Fanny la más pequeña, se puso a trabajar y suplir la ausencia de ese papá irresponsable. A punta de sudor y lágrimas consiguió tener su propio terreno cerca a la UNI. Fueron algunos meses de aparente felicidad con sus hermanos y su trabajadora madre, hasta que ésta última por designios clásicos del destino falleció, el golpe fue durísimo para una niña como ella de 9 años y por un tiempo vivió con su madrina. Hasta que se supo rastros de su papá, que al enterarse del fallecimiento de la madre de sus hijos, se lleva a estos a vivir a Piura dónde él ya tenía una vida familiar.
Terminó la Secundaria en el norte a los 17 años y a pesar de todo lo que vivió en Piura, ella ya había estado acostumbrada la mayor parte de su vida a la panza de burro del cielo gris limeño y no podía escatimar esfuerzos para regresar a donde nació, con el so pretextos de los estudios superiores. Pero las cosas no iban a resultar fácil, trabajó y estudió al mismo tiempo en la Universidad Garcilaso de la Vega. Fue dura la rutina como ella cuenta, pero era el precio de salir profesional, aunque su papá no la apoyaba y en el trabajo la molestaban cada vez que la veían con un libro en sus ratos libres. Era casi una versión mejorada de esa canción de papá Chacalón: “Soy un muchacho provinciano, me levanto muy temprano…”. ¿Y saben por qué mejorada? Porque Fanny no sólo trabajaba y estudiaba, si no también era presa de un mortal amor que a la larga le haría vivir interminables tristezas y a su vez, le darían el más preciado regalo de su vida, de eso escribiré a continuación.
Martín era limeño, pero de esos que son más antiguos con familia tradicional y de buena posición. Por algún motivo en uno de sus tantos arrebatos le dijo a sus papás estudiar Administración de Empresas, una carrera muy de moda por esos tiempos que era como una especie de carro de último modelo de la época donde todos se querían subir sólo para que la gente diga que uno estaba allí, precisamente a él le gustó esa idea y no dudo en estudiar aquello. Él conoció a Fanny en las primeras clases que asistió, le gustó su aire de chica mujer, en contraparte a su desequilibrada personalidad. Se decidió por conquistarla y lo consiguió gracias a que ella estaba necesitada de afecto, es ésta razón también la que hiciera que Fanny lo amara con todo sus huesos. En cambio, para Martín ella era un objeto que quería tener siempre mientras le sirva.
Debido a la falta de logística sobre paternidad responsable de la época. Fanny resultó embarazada. A los días de enterarse ya el futuro padre era un audaz fugitivo, no sólo de que le digan “papá” si no también de aquel carro llamado “Administración de Empresas”.
¿Resignación? Quizás en ese momento sí, hasta para la muerte según nos comenta ella. Primero perdió a su madre siendo muy niña, después el hombre a quien más había amado la traicionó. Pero después de todo, estando sola en una fría casa donde sus hermanos hacían sus vidas y ella en sus manos con el fruto de lo bueno y malo. Se dio cuenta que todo su pasado de resumía en un nombre: Milena.
Precisamente ese nombre le da fuerzas a Fanny hoy en día, para seguir con la difícil tarea de ser padre y madre. Ahora ya no piensa en la resignación, quiere todo lo mejor para esa vida que observa reír, llorar y latir a su costado: su primera y única hija. Y a su pasado, a las cosas tristes y duras que le tocó vivir, les dice como en una canción de Lucho Barrios: Adios, adiós…

No hay comentarios: