Cada amanecer simbolizaba un escalón mas de felicidad para Ricardo y Ximena hace mas de quince años, cuando un cáncer terminal acabó con ella, desplomándose cada peldaño para Ricardo tocando el fondo de la tristeza que lo llevaría casi a convertirse en un alcohólico que visitaba diariamente una cantina. Hoy solo le queda el recuerdo y las ganas de volver a contemplar el alba al lado del ser a quien amó y sigue amando tanto.
Primavera del ‘79, desde entonces años felices para ambos, se conocieron en Miraflores en una reunión de trabajo, él, administrador de una empresa, ella, practicante de la misma, por lo que se veían diariamente por motivos laborales. Empezaron a conocerse para mas tarde comenzar una relación de enamorados como es común. Contándose sus vidas y trabajando juntos, ellos no podían pedir mas alegría y prosperidad para ambos ya que les iba de maravilla. Ricardo vivía en ese entonces en el Rímac y a cuanto momento libre se le presentaba invitaba a Ximena a salir, llegando un día de esos a declararse siendo aceptado afortunadamente para él.
Siete años de relación e inició lo que pensaban sería una etapa muy importante en sus vidas, el matrimonio. Muy contentos por la decisión, se unieron religiosa y civilmente y al poco tiempo con su primer hijo por venir, esperaban muy pacientes siguiendo con sus roles diarios. Recuerda amenamente el periodo de amistad y de noviazgo que compartieron unidos, iban al cine, a reuniones, a fiestas, la pasaban realmente muy bien.
Sin embargo, no todo sería plácido para ellos ya que a Ximena le detectaron cáncer de estómago debido a un tumor que se originó tiempo atrás sin que se percatara de tal gravedad. Inmediatamente desde ese día Ximena recibió tratamiento, lo que a Ricardo al igual que a ella, lo iba consumiendo en una dura aflicción. Lamentablemente al tiempo del tratamiento, Ricardo recibió la terrible noticia de que a su esposa le quedaba un lapso de cinco a seis meses de vida.
Esto inundó a Ricardo en una tremenda desesperación, él no podía creer, no asimilaba perder a quien había decidido dedicarle su vida. Como se lo explicaría a su hijo. Era el principio de una etapa en la vida de Ricardo acompañada del alcohol después que su esposa falleciera. Fue un momento muy trágico para la familia de Ximena, para su hijo, para Ricardo.
Luego de ello, acostumbró a frecuentar bares donde siempre con su soledad tomaba a diario para olvidar, para ahogar las penas como dicen o hacen muchos. Su hijo iba creciendo y Ricardo parecía no darse cuenta de ello, tanta fue la tristeza que muchas veces no le prestaba atención y el pequeño, que preguntaba siempre por su padre, no le daban respuesta. Él solo se dedicaba al trago.
Su familia le aconsejaba, evitaban que Ricardo acuda a cualquier cantina, pero de un modo u otro, él siempre hacía presencia en una de esos lugares donde todos beben lamentándose por alguna razón. Solo quería beber hasta morir, deseaba estar nuevamente al lado de su amada. El extremo de Ricardo fue quitarse la vida, no aguantaba tanta aflicción, muchas veces lo pensó, pero si de alguna manera iba morir, esa iba ser bebiendo hasta que su cuerpo no de mas. Muchas veces lo botaron de varios bares, donde inconsciente por el exceso de alcohol se amanecía en ellas, peleando con los cantineros para que no lo sacaran de la mesa que lo acompañaba siempre en su dolor junto con los interminables boleros que sonaban durante toda la noche, así lo cuenta él.
Respecto a su trabajo, lo despidieron por las continuas tardanzas e inasistencias que acumuló, comprendían la situación de Ricardo pero al no ver reacción en él, no tuvieron mas elección. Algunas amistades que tenía ahí le dieron la espalda, otros lo apoyaban, pero Ricardo no daba señal alguna cuando nuevamente se perdía entre la negra noche.
La situación de Ricardo empeoraría ya que su hígado parecía una bomba de tiempo que en cualquier momento podía hacer explosión, es por eso que en el espacio de unos años tuvo obligadamente que recibir atención médica para mas tarde rehabilitarse en “Alcohólicos Anónimos” que lo haría cambiar de opinión, de pensar en ese hijo que por mucho tiempo parecía no tener padre.
Al encontrarse internado conoció a Aldo que lo ayudó mucho a recuperarse, éste era otro internado pero se encontraba rehabilitado casi del todo. Ambos contaron sus experiencias y Aldo le aconsejo que en lo posible dejara de lado la bebida que solo lo mataría pues tiene un hijo a quien dedicarle el resto de su vida y no puede dejarlo solo. Ellos se hicieron desde entonces buenos amigos.
Meses mas tarde al estar completamente rehabilitado, Ricardo se incorporó nuevamente a su hogar, a su familia, con muchas ganas de abrazar a su “pequeño campeón”. Ricardo narra que pidió sinceras disculpas en su trabajo, a su familia, amigos y en especial a su hijo que era todo para él. Empezó de nuevo y recuperó su empleo felizmente y hoy en día vive en el Callao junto a su hijo que con veinte años cursa el octavo ciclo de medicina en la universidad. No se volvió a casar sin embargo expresa que no ve nula la posibilidad de compartir su vida al lado de otra mujer, pero eso ya lo dirá el tiempo.
Se prometió a si mismo a no volver agarrar una copa, no de la manera que lo hizo, aunque a veces se sirve un vasito de vino tinto, que le gustaba tanto a Ximena, y aún cuando se encuentra solo en casa, ya que su hijo sale frecuentemente por las tardes, coloca aquel bolero que no dejó de escuchar en las peores circunstancias, “Brindo”, y sentado en el sillón de su sala, con una foto de ella en la mano, empieza a recordar los mejores instantes de su vida junto a ella, solo una copita, como lo hacía ella ya que no bebía.
Primavera del ‘79, desde entonces años felices para ambos, se conocieron en Miraflores en una reunión de trabajo, él, administrador de una empresa, ella, practicante de la misma, por lo que se veían diariamente por motivos laborales. Empezaron a conocerse para mas tarde comenzar una relación de enamorados como es común. Contándose sus vidas y trabajando juntos, ellos no podían pedir mas alegría y prosperidad para ambos ya que les iba de maravilla. Ricardo vivía en ese entonces en el Rímac y a cuanto momento libre se le presentaba invitaba a Ximena a salir, llegando un día de esos a declararse siendo aceptado afortunadamente para él.
Siete años de relación e inició lo que pensaban sería una etapa muy importante en sus vidas, el matrimonio. Muy contentos por la decisión, se unieron religiosa y civilmente y al poco tiempo con su primer hijo por venir, esperaban muy pacientes siguiendo con sus roles diarios. Recuerda amenamente el periodo de amistad y de noviazgo que compartieron unidos, iban al cine, a reuniones, a fiestas, la pasaban realmente muy bien.
Sin embargo, no todo sería plácido para ellos ya que a Ximena le detectaron cáncer de estómago debido a un tumor que se originó tiempo atrás sin que se percatara de tal gravedad. Inmediatamente desde ese día Ximena recibió tratamiento, lo que a Ricardo al igual que a ella, lo iba consumiendo en una dura aflicción. Lamentablemente al tiempo del tratamiento, Ricardo recibió la terrible noticia de que a su esposa le quedaba un lapso de cinco a seis meses de vida.
Esto inundó a Ricardo en una tremenda desesperación, él no podía creer, no asimilaba perder a quien había decidido dedicarle su vida. Como se lo explicaría a su hijo. Era el principio de una etapa en la vida de Ricardo acompañada del alcohol después que su esposa falleciera. Fue un momento muy trágico para la familia de Ximena, para su hijo, para Ricardo.
Luego de ello, acostumbró a frecuentar bares donde siempre con su soledad tomaba a diario para olvidar, para ahogar las penas como dicen o hacen muchos. Su hijo iba creciendo y Ricardo parecía no darse cuenta de ello, tanta fue la tristeza que muchas veces no le prestaba atención y el pequeño, que preguntaba siempre por su padre, no le daban respuesta. Él solo se dedicaba al trago.
Su familia le aconsejaba, evitaban que Ricardo acuda a cualquier cantina, pero de un modo u otro, él siempre hacía presencia en una de esos lugares donde todos beben lamentándose por alguna razón. Solo quería beber hasta morir, deseaba estar nuevamente al lado de su amada. El extremo de Ricardo fue quitarse la vida, no aguantaba tanta aflicción, muchas veces lo pensó, pero si de alguna manera iba morir, esa iba ser bebiendo hasta que su cuerpo no de mas. Muchas veces lo botaron de varios bares, donde inconsciente por el exceso de alcohol se amanecía en ellas, peleando con los cantineros para que no lo sacaran de la mesa que lo acompañaba siempre en su dolor junto con los interminables boleros que sonaban durante toda la noche, así lo cuenta él.
Respecto a su trabajo, lo despidieron por las continuas tardanzas e inasistencias que acumuló, comprendían la situación de Ricardo pero al no ver reacción en él, no tuvieron mas elección. Algunas amistades que tenía ahí le dieron la espalda, otros lo apoyaban, pero Ricardo no daba señal alguna cuando nuevamente se perdía entre la negra noche.
La situación de Ricardo empeoraría ya que su hígado parecía una bomba de tiempo que en cualquier momento podía hacer explosión, es por eso que en el espacio de unos años tuvo obligadamente que recibir atención médica para mas tarde rehabilitarse en “Alcohólicos Anónimos” que lo haría cambiar de opinión, de pensar en ese hijo que por mucho tiempo parecía no tener padre.
Al encontrarse internado conoció a Aldo que lo ayudó mucho a recuperarse, éste era otro internado pero se encontraba rehabilitado casi del todo. Ambos contaron sus experiencias y Aldo le aconsejo que en lo posible dejara de lado la bebida que solo lo mataría pues tiene un hijo a quien dedicarle el resto de su vida y no puede dejarlo solo. Ellos se hicieron desde entonces buenos amigos.
Meses mas tarde al estar completamente rehabilitado, Ricardo se incorporó nuevamente a su hogar, a su familia, con muchas ganas de abrazar a su “pequeño campeón”. Ricardo narra que pidió sinceras disculpas en su trabajo, a su familia, amigos y en especial a su hijo que era todo para él. Empezó de nuevo y recuperó su empleo felizmente y hoy en día vive en el Callao junto a su hijo que con veinte años cursa el octavo ciclo de medicina en la universidad. No se volvió a casar sin embargo expresa que no ve nula la posibilidad de compartir su vida al lado de otra mujer, pero eso ya lo dirá el tiempo.
Se prometió a si mismo a no volver agarrar una copa, no de la manera que lo hizo, aunque a veces se sirve un vasito de vino tinto, que le gustaba tanto a Ximena, y aún cuando se encuentra solo en casa, ya que su hijo sale frecuentemente por las tardes, coloca aquel bolero que no dejó de escuchar en las peores circunstancias, “Brindo”, y sentado en el sillón de su sala, con una foto de ella en la mano, empieza a recordar los mejores instantes de su vida junto a ella, solo una copita, como lo hacía ella ya que no bebía.
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