¿QUIÉN PUEDE SER EL TUTOR DE ESTE CICLO?

domingo, 6 de abril de 2008

CRONICA A LA SOLEDAD



COMO VOY A OLVIDARTE
(Segundo Rosero)

Cómo voy a olvidarte, si estás prendida en mi,
Cómo voy a olvidarte, si tellevo en mi ser,
Ay si supieras de veras lo que eres para mi,
eres más que mi amor, la razón de mi vivir.

Y aún asi no estás conmigo, estás tan lejos donde estarás. Quisiera verte, quisiera hablarte, están dificil vivir sin tí.

Y si en verdad sientes amor por mi,
ven a mis brazos, no te vayas jamás.

Cómo voy a olvidarte....

Sábado, siete de la mañana, la Ciudad Satélite Santa Rosa en el Callao aun no despierta del todo, pero, a lo lejos, casi como un fantasma, aparece la imagen de un hombre: delgado, moreno, de cabello canoso… muy canoso y desordenado, facciones avejentadas y la mirada perdida. La poca gente que transita la calle en ese momento parece reconocerlo, pero, claro está, nadie lo saluda; sin embargo, es ya un personaje muy famoso en el lugar, es nada más y nada menos que: su borrachito.
Pese a que todo el mundo sabe de su existencia, nadie conoce su nombre, solo que aparece así todos los fines de semana tambaleándose de borracho y buscando desesperadamente alguien con quien conversar huyendo de su soledad.
Van pasando las horas del día e inicia su rutina comprando licor en las dos tiendas aledañas a la que fue su casa, trabaja toda la semana limpiando carros para poder comprar su bebida de sábados y domingos.
Ya son las 10 de la mañana y nuestro amigo camina dando vueltas alrededor de una cancha de fútbol, saluda a todo el mundo… no obtiene respuesta alguna, algunas personas cambian de acera para no cruzarse con él: le tienen miedo. De repente, un grupo de adolescentes ocupan la cancha, él se detiene a observarlos, pasan casi 50 minutos y se les acerca, saca un sol de su bolsillo y los reta a dárselos si ellos logran meterle un gol… como es lógico los jóvenes hacen mucho más que eso y se llevan su dinero, nuestro personaje no se amilana ante eso y continúa su camino, ésta vez será la plaza principal de Santa Rosa, llamada la Alameda El rosedal, lugar donde se concentra todo el mundo y donde el buscará alguien con quien hablar: no lo encuentra y se queda mirando, a través de sus rejas, la parroquia de el lugar, que se encuentra justo en frente de la plaza, parece estar preguntándole algo a Dios, pero pronto despierta del sueño, se persigna y se va. Camina entre los edificios, los patios, el mercado, siempre tambaleándose, siempre buscando alguien con quien conversar.
Desaparece hasta las cuatro de la tarde, hora en que se le ve de nuevo en la cancha de fútbol, comprando licor en las bodegas aledañas, su pantalón está mojado, probablemente porque miccionó sobre ellos y aun no se ha dado cuenta, ahora le es mucho más difícil mantenerse en pie y su mirada está más perdida que nunca, pero él se considera sobrio aun y lo comenta casi con orgullo. Vuelve a deambular por las calles e intenta conversar con un grupo de jóvenes que conversaban muy animados en medio de la plaza central: ellos intentan seguirle la conversación algo asustados, mientras uno por uno se van alejando, hasta que otra vez queda completamente solo, se sienta, parece triste; pero luego se levanta como renovado con una idea y se dirige en busca de mas bebida.
Al salir de la tienda se queda pensando por un momento, parece estar meditando algo, meditándolo muy seriamente y se dirige a la puerta del edificio 251, donde se encuentran sentados una mujer, un joven y una pequeña niña, quizás una madre con sus hijos. Se detiene, observa el edificio como recordando cuando llego a el hace 27 años junto con su madre y su hermana, su niñez y juventud en ese barrio, sus partidos de fútbol en la cancha en la que ahora solo puede merodear… su pasado. De repente se da cuenta de que, en su embriaguez, reconoce a la mujer que esta sentada detrás de la puerta de aquel edificio: es su hermana y esta al lado de sus sobrinos, así que intenta abrir la puerta para conversar con ellos pero ellos no le hacen caso, actúan como si el no estuviera allí y de ninguna manera le abren la puerta para que pase.
El conversa da vueltas, compra una cerveza, vuelve…y nada. Comienza a desesperarse, pero aun así no le hacen caso. El grita y amenaza hasta que su familia se va, y el también opta por retirarse, como lo hizo antes cuando su madre y su hermano lo echaron de su casa hartas de los problemas y escándalos que vivían a causa de que se sumió en el alcohol luego de que su novia falleciera en un accidente de transito. Incomprendido desde muy joven, por su personalidad introvertida y su carácter algo agresivo, encontró en su novia a la única persona que podía entenderlo, y ella murió. A partir de ese acontecimiento cayo en el vicio y no ha podido salir aun después de 8 años de vivir en la calle, limpiando autos y usando la misma casaca siempre. Su vida no ha sido fácil y su único refugio ha sido la bebida, que es un paliativo para su soledad pero no su cura.
Llega la noche y la parroquia abre sus puertas a los fieles que vienen a reunirse, el intenta entrar a la misa, pero lo sacan por causar escándalo dentro del templo, sale pacíficamente, murmurando en la puerta “Ni Dios mismo quiere conversar conmigo”. Se sienta en el parque y conversa con el que se encuentre hasta altas horas de la noche, haciendo intervalos para comprar mas trago y buscar un nuevo interlocutor que esta vez no se escape tan rápido.
Al día siguiente está sobrio sentado en la misma banca del parque y frente a la Iglesia, esta vez no lo sacaron de misa, y es la primera vez en mucho tiempo que escucha una completa, su mirada ya no está perdida pero se le nota triste; ha perdido muchas cosas en su vida, lo único que tiene es esa terrible soledad de la que, según dice, es más difícil de escapar que del mismo alcohol. Sin embargo, Erasmo, ese es su nombre, tiene un enorme deseo de dejar de tomar, porque, según dice, ha comprendido que es su unico forma de dejar de estar solo, y poder volver a amar

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