escrito por: Juan Carlos Cordero
La bebida, la peor perdición
Si tú pasaras por la urbanización San Gabriel ubicada entre la avenida el Sol y la avenida Lima en el distrito de S. J. L. encontrarás una pequeña cantina, aquella cantina en donde se reúnen todos los días de la semana un sin fin de personas con problemas familiares o quizás personales. Entre esas personas se encuentra un tipo llamado Sebastián Alonso Ramírez Rodríguez, que era una persona relativamente amable, de unos 40 años, de baja estatura, de cabello oscuro y aparentemente deprimido por alguna razón.
Sebastián Alonso comenzó hace 20 años en ir a las cantinas, él tuvo un buen trabajo, una bonita casa y una hermosa mujer llamada Josefina Huamán Espinoza. Él laboraba como empleado en el banco Interbank ubicado en la avenida Próceres de la Independencia en S. J. L. y ganaba un buen sueldo que le permitió alquilar un pequeño departamento para convivir con su mujer, que próximamente iba a ser su futura esposa.
El trabajaba muy duro para pagar los gastos de su vivienda y el alquiler de la casa, pero pasaba la mayor parte del día fuera de ella debido al trabajo y casi nunca tenia tiempo para estar junto a su mujer.
La futura esposa de Alonso, Josefina, cansada de esa situación creyó que si hablaba con él acerca de este tema que le hacia sentir mal seria la mejor solución de aquel problema, pero las cosas no fueron así.
Los días fueron transcurriendo y las cosas no cambiaban para nada, él llegaba tarde como de costumbre por el trabajo y ella empezó a cambiar su manera de ser discutiendo muy a menudo.
El se dió cuenta de las cosas que le sucedían a el y a ella e intento solucionarlas pero ya era demasiado tarde, se enteró que su mujer lo engañaba recientemente con otro hombre y se había ido a vivir con el, después de lo ocurrido Sebastián Alonso entro en una gran depresión. Agobiado por lo sucedido, Sebastián Alonso empezó a ir a las cantinas para calmar sus penas con el trago, pasaba toda la noche llorando y lamentando las cosas que le ocurrieron por no poner más atención en su mujer cuando ella le decía que tenían problemas en su relación.
Día tras día, semana tras semana, él sentía que el mundo ya se había acabado para él, bebía todos los días sin detenerse y ya que se le había hecho un gran vicio que no podía dejar, tanto así que empezó a adeudarse en el pago de su vivienda y en otros servicios que tenia, lo que le causo mucho más preocupación y muchas ganas de suicidarse.
Los días pasaron y el fué despedido de su trabajo por sus numerosas inasistencias, sin dinero y sin oficio perdió su casa y todas las cosas que tenía en ella, el único lugar que le podía hacer olvidar sus grandes penas era la pequeña cantina.
“Lo único que necesito ahora es un trago que me haga olvidar todo, todas las cosas que me hacen sentir mal”
En aquel lugar él conoció a muchas mujeres; mujeres que aprovechando la depresión que él sentía, se le acercaban para entablar conversación con él y quitarle el poco dinero que tenia sin que él lo notara. “Yo no tengo nada ni mucho menos a nadie quién me ayude, ¿que es lo que puedo hacer?”.
Sebastián Alonso sin trabajo iba de sitio en sitio a pedir limosnas a los personas y ese dinero que juntaba lo malgastaba en puros tragos, prácticamente no le importaba nada más en su vida que la bebida.
En algunas ocasiones tanto fue su desesperación por irse a beber que cometió el craso error de robar a una señora para de esa manera mantener su gran vicio.
“Me sentí muy mal por haber actuado de esa manera, pero la necesidad de consumir trago hizo que yó robara”.
Paso mucho tiempo, y el pensaba que a nadie le importaba, hasta que un día una persona inesperada llego supuestamente a visitarlo.
Un familiar de Ica que no veía hace mucho tiempo lo reconoció, se preocupo mucho por el y el brindo su ayuda.
-¿Sebastián Alonso, eres tú?, ¿Qué es lo que te ha ocurrido?, ¿Por qué estas aquí?, yo te ayudare, no te preocupes.
“En esos momentos prácticamente yo había perdido la razón, creía que a ninguna persona le importaba, agradezco mucho la ayuda que el me ofreció cuando estaba en el abandono total”.
“Me rehabilite gracias al apoyo incondicional que me brindó mi primo que por cierto se llama Henry Júnior Ramírez Suárez y empecé trabajando momentáneamente como un albañil, y otros pequeños trabajos hasta que encontrara un trabajo mucho mejor”.
Sebastián Alonso pensó que se quedaría en la miseria total, pero gracias al apoyo que le dió su primo supo como salir nuevamente adelante y continuar su vida.
Paso alrededor de 1 año y medio en rehabilitarse del vicio que tenia y una vez concluido el tratamiento rehizo nuevamente su vida.
En estos momentos él sigue yendo a las cantinas pero ya no como un vicio, sino para celebrar momentos de alegría al lado de amigos y la gente que le brindaron su ayuda.
Ya han pasado 20 años desde aquella vez que él perdió todo lo había obtenido en la vida. Ahora ya recuperado tiene un buen trabajo y una familia a quien cuidar, pero nunca olvidará que la bebida puede llevar a muchos a la perdición total, como le ocurrio a él.
¿QUIÉN PUEDE SER EL TUTOR DE ESTE CICLO?
domingo, 6 de abril de 2008
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