
Don Víctor Hugo es un hombre casado, de 55 años, trabajador de una empresa de multiservicios, sonrío ante mi pregunta, pero su sonrisa no era de alegría, encerraba algo de intriga, como si me dijera….si tú supieras… y enseguida dejó sus quehaceres y se sentó a mi lado. No siempre el primer amor es el verdadero. Amor Gitano es un bolero cantinero de mis tiempos, interpretado por José Feliciano, aunque también lo canta Lucho Barrios, me dijo, y su rostro se transformaba como si estuviera evocando recuerdos de momentos vividos. Tenía él apenas 18 años cuando ella apareció en su vida, era una hermosa joven de linda figura y bastante desenvuelta a quien conoció en una fiesta en casa de unos amigos y con quien simpatizó desde el primer momento. Con el pasar del tiempo fue naciendo un interés aparentemente mutuo, ella manifestaba su preocupación y cariño y él indudablemente le correspondía, sin embargo nada había entre ellos aún, pues la gente de su generación se tomaba su tiempo antes de establecer una relación.
Que diferente de nuestra actualidad pensaba yo, ahora muchas veces son las chicas quienes se adelantan y como decimos los jóvenes: se mandan. Todo ese proceso de conocerse y tratarse del que habla don Víctor Hugo casi parece olvidado, no practicado. Y como bien dice él, el primer amor no necesariamente es el verdadero o el adecuado para una persona.
Mi pregunta sobre el bolero trajo a la mente de don Víctor Hugo a aquella joven que le dijo sentir amor por él, cuando lo que realmente buscaba era solo alguien que cumpliera sus caprichos, la llevara a comer, o a ver una buena película o le hiciera costosos regalos.
El carácter siempre alegre de la muchacha traía como consecuencia la cercanía de otras amistades, especialmente la de un joven a quien ella llamaba su mejor amigo y con quien salía casi tan frecuentemente como con don Víctor Hugo.
Unas cuantas veces la fue a buscar y ella había salido acompañando al amigo que estaba sumergido en una profunda pena por una traición. Esa era la explicación dada por la muchacha. Y su gesto ante el malestar del amigo se tornaba digno de admiración, su afán de sacarlo de la tristeza sacrificando el tiempo para ocupaciones personales la hacia ver de una calidad humana que muy pocas veces se encontraba. Aquellas salidas continuas, podían tornarse peligrosas, pero según ella le había manifestado, no había nada que temer, ellos eran solo amigos con cariño de casi hermanos y nada malo había en sus salidas..
Un día los vio, caminaban por el centro de Lima e iban tan abstraídos en ellos mismos que no se percataron de su cercanía ni él hizo nada porque se dieran cuenta, pero observaba con atención, como el águila cuando va tras su presa, ellos iban de una tienda a otra, me contaba, y los paquetes en sus manos evidenciaban compras realizadas. De pronto los vi salir de otra tienda, continuó diciendo, en la cual demoraron un poco mas, pero esta vez ella salía distinta, algo había cambiado, era un traje que llevaba puesto de un color verde agua que hacia juego con sus hermosos ojos, había soltado su larga cabellera y se le veía resplandecer como el sol, mientras el viento movía lado a lado sus cabellos ondulantes, quise correr hacia ella, se veía tan linda, pero de pronto sentí que el corazón se me quebraba al ver que el ser que yo amada estampaba en los labios del “amigo” un fogoso beso, tal como lo hiciera también conmigo, que mezcla de sentimientos, rabia en medio de la tristeza.
Mientras me contaba esto su mirada cambió, la sonrisa se transformó en una dura mirada y su voz muy firme decía haber comprendido porque tantos se desgracian la vida por mujeres. Es que se sienten ganas de no existir me comentó, de dejar de ser la burla de otros. Es un dolor tan grande, es como tirar de un soplo un castillo levantado con tanto amor, decía haber experimentado deseos de desaparecer en ese momento antes que seguir viendo su engaño, su traición, a esa edad muchos piensan que es mejor morir que ver ajena a la persona amada, es decir vivir sin ella no valía la pena y así lo decidió don Víctor Hugo y fue a parar al hospital tras una terrible intoxicación por la gran cantidad de alcohol que había ingerido. Ella trató de verlo, él se negaba con alguna excusa, mientras ella intentaba a diario poder ingresar a su habitación en el hospital. Al cabo de unos días, y a través de su enfermera permitió el ingreso de la muchacha pero nunca le dijo que la vio con el otro, no hubo reproche alguno de su parte, nada que pudiera evidenciar su dolor. Decidió decirle que esos días de enfermedad le sirvieron para descubrir que ya no la amaba y terminó así la relación. Días después, ya mas calmado, las cosas las vio diferentes y decidió que pensar en ella, sufrir por ella, arruinarse la vida por ella, eso, eso, era lo que realmente no valía la pena.
Don Víctor Hugo caminó presuroso hacia su habitación mientras yo lo esperaba y al volver trajo consigo un casette… Observé la caja, se veía desgastada, pensé que no serviría, pero él como leyendo mi pensamiento me dijo: aun sirve, lo traigo para que escuches la canción, ya no hay heridas, ya no hay tristezas, solo enseñanzas y recuerdos de un tiempo pasado que sin lugar a dudas no ha sido mejor que este y abrazando a su esposa quien fuera su enfermera, presionando el Play, dio inicio a la canción.
Ironías de la vida, el tema le cayó a este hombre como anillo al dedo, quién me lo diría, yo que pensaba que era solo una letra de telenovela cuando en realidad hasta en nuestra ciudad son muchos los que como don Víctor Hugo se sienten identificados con este bolero.
Que diferente de nuestra actualidad pensaba yo, ahora muchas veces son las chicas quienes se adelantan y como decimos los jóvenes: se mandan. Todo ese proceso de conocerse y tratarse del que habla don Víctor Hugo casi parece olvidado, no practicado. Y como bien dice él, el primer amor no necesariamente es el verdadero o el adecuado para una persona.
Mi pregunta sobre el bolero trajo a la mente de don Víctor Hugo a aquella joven que le dijo sentir amor por él, cuando lo que realmente buscaba era solo alguien que cumpliera sus caprichos, la llevara a comer, o a ver una buena película o le hiciera costosos regalos.
El carácter siempre alegre de la muchacha traía como consecuencia la cercanía de otras amistades, especialmente la de un joven a quien ella llamaba su mejor amigo y con quien salía casi tan frecuentemente como con don Víctor Hugo.
Unas cuantas veces la fue a buscar y ella había salido acompañando al amigo que estaba sumergido en una profunda pena por una traición. Esa era la explicación dada por la muchacha. Y su gesto ante el malestar del amigo se tornaba digno de admiración, su afán de sacarlo de la tristeza sacrificando el tiempo para ocupaciones personales la hacia ver de una calidad humana que muy pocas veces se encontraba. Aquellas salidas continuas, podían tornarse peligrosas, pero según ella le había manifestado, no había nada que temer, ellos eran solo amigos con cariño de casi hermanos y nada malo había en sus salidas..
Un día los vio, caminaban por el centro de Lima e iban tan abstraídos en ellos mismos que no se percataron de su cercanía ni él hizo nada porque se dieran cuenta, pero observaba con atención, como el águila cuando va tras su presa, ellos iban de una tienda a otra, me contaba, y los paquetes en sus manos evidenciaban compras realizadas. De pronto los vi salir de otra tienda, continuó diciendo, en la cual demoraron un poco mas, pero esta vez ella salía distinta, algo había cambiado, era un traje que llevaba puesto de un color verde agua que hacia juego con sus hermosos ojos, había soltado su larga cabellera y se le veía resplandecer como el sol, mientras el viento movía lado a lado sus cabellos ondulantes, quise correr hacia ella, se veía tan linda, pero de pronto sentí que el corazón se me quebraba al ver que el ser que yo amada estampaba en los labios del “amigo” un fogoso beso, tal como lo hiciera también conmigo, que mezcla de sentimientos, rabia en medio de la tristeza.
Mientras me contaba esto su mirada cambió, la sonrisa se transformó en una dura mirada y su voz muy firme decía haber comprendido porque tantos se desgracian la vida por mujeres. Es que se sienten ganas de no existir me comentó, de dejar de ser la burla de otros. Es un dolor tan grande, es como tirar de un soplo un castillo levantado con tanto amor, decía haber experimentado deseos de desaparecer en ese momento antes que seguir viendo su engaño, su traición, a esa edad muchos piensan que es mejor morir que ver ajena a la persona amada, es decir vivir sin ella no valía la pena y así lo decidió don Víctor Hugo y fue a parar al hospital tras una terrible intoxicación por la gran cantidad de alcohol que había ingerido. Ella trató de verlo, él se negaba con alguna excusa, mientras ella intentaba a diario poder ingresar a su habitación en el hospital. Al cabo de unos días, y a través de su enfermera permitió el ingreso de la muchacha pero nunca le dijo que la vio con el otro, no hubo reproche alguno de su parte, nada que pudiera evidenciar su dolor. Decidió decirle que esos días de enfermedad le sirvieron para descubrir que ya no la amaba y terminó así la relación. Días después, ya mas calmado, las cosas las vio diferentes y decidió que pensar en ella, sufrir por ella, arruinarse la vida por ella, eso, eso, era lo que realmente no valía la pena.
Don Víctor Hugo caminó presuroso hacia su habitación mientras yo lo esperaba y al volver trajo consigo un casette… Observé la caja, se veía desgastada, pensé que no serviría, pero él como leyendo mi pensamiento me dijo: aun sirve, lo traigo para que escuches la canción, ya no hay heridas, ya no hay tristezas, solo enseñanzas y recuerdos de un tiempo pasado que sin lugar a dudas no ha sido mejor que este y abrazando a su esposa quien fuera su enfermera, presionando el Play, dio inicio a la canción.
Ironías de la vida, el tema le cayó a este hombre como anillo al dedo, quién me lo diría, yo que pensaba que era solo una letra de telenovela cuando en realidad hasta en nuestra ciudad son muchos los que como don Víctor Hugo se sienten identificados con este bolero.
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