El espectro de la vejez, las manos temblorosas por la enfermedad en sus nervios y con el sentido del oído algo apagado Pedro Méndez inició su afición a la bebida, creando una cantina en 1960.
Nunca pensó abrir un negocio de éstos, pero la vida da muchas veces giros extraños.
Pedro, más conocido como “CHALACO” o “CHALAQUITO” de cariño como le decían en aquel barrio de antaño del Callao, “La Sétima”, donde vivió casi una gran parte de su vida, pero la más importante.
Chalaco, hizo un préstamo fuerte de dinero a una comadre sin ningún documento, ya que se trataba de una persona de confianza, que más tarde y después de varios meses ella devolvió el dinero, pero representado en una radiola del año 56’, no tuvo más remedio de quedársela. Así acompaño a él y a su señora esposa, todas las tardes frías del Callao con el deleite de los boleros y guarachas de los discos que en vueltas y vueltas resonaban.
Años después otro pedido de dinero bajo las mismas circunstancias, hizo que don Pedro consiga una tienda, también como forma de pago, en la cuadra 26 de la Av. México en La Victoria, en donde inició la aventura más bohemia de toda su vida y no por el alcohol, sino más que todo por las anécdotas y testimonios vividos y vistos, entre los trovadores de la noche con sus guitarras al compás de los cantos bohemios, con sus desdichadas vidas o un mal amor que solo se puede curar con canciones, y la cerveza que es como la comida diaria de estos señores.
Hay una frase en particular que “CHALACO” dice: “Si tú no tomas, no vives”.
Todos los días a partir del medio día se veía la cantina sin nombre, por cierto que abría sus brazos a los parroquianos y a los señores de antaño, ya que era el punto de encuentro.
El negocio iba bien, pero por el año 1970 aparecieron los llamados corralones o prostíbulos, donde mujeres del mal vivir sofocaban a todo parroquiano al pasar por ahí.
Juan Cansino, amigo intimo de Pedro, en una noche tan oscura solo en la barra sufre por la pena y el amargo sentir de la mujer que tuvo en sus brazos y que se envolvía con otros a espaldas de él, de lo que muy tarde se dio cuenta.
Su esposa tenía un amorío con un hombre de tez morena y grandes ojos con andar desatinado. Ella esperaba un hijo suyo y no de Cansino, todo iba bien hasta que uno de los amigos de la cantina vio a la mujer saliendo de una clínica pero al lado de otro hombre.
Lo que sucedía era algo tormentoso, solo le quedó a Cansino llorar y embriagarse en un mar de lamentos, por amar y amar a una señora que al final solo le dio amargura al corazón.
No sirvieron de nada los consuelos que Chalaco le daba, solo escuchar un bolero acompañado de una copa, con una voz única que en las noches largas en la cantina desfilaba, al compás de la radiola. Sin saber que hacer, tan solo sufrir por ese amor, que sabe jamás regresará.
Pedro vio a Cansino todas las tardes en la fiel barra cantando, después de varios meses lo único que pudo hacer, fue hablar con la señora aquella, por no decir el nombre, ya que está demás decirlo, pero ésta, no dio razones y se cerró en ideas vagas.
Cansino comentaba que la separación fue lo mejor para los dos, ya que a pesar de los hijos que tenían no podía perdonar tal humillación. Estos hijos se quedaron a custodia de él.
Ella solo se va como vino, como un huracán, como la encontré, como una moneda en la calle que sola la vez y la recoges en cada esquina sin darte cuenta.
Así fue el amor de ella, lleno de ilusión al comienzo pero con espinas directas al corazón con el pasar del tiempo. Y en el pensar de cada noche dedicada a ella, una “Falsaria” escuchaba siempre junto a él.
Pedro solo lo abrazaba, pero los dos tenían que salir adelante, triunfar en la vida.
Ésta vida acabada en cuanto al amor hizo mucho daño a Cansino, pero él sabe que no se dará por vencido.
Pedro con una voz tenaz y fuerte, para concluir ese sufrimiento y hacerle ver las cosas tal y como son le decía, "no eres plato de segunda mesa, solo fue una mala flecha al pasar por el mal destino que da giros inesperados, así como lo sucedido a mi cantina querida”.
Después de 4 años un alcalde apellidado Ruiz, cerró los prostíbulos y las cantinas por motivos de violencia en la vecindad, el mal vivir, por parte de las meretrices de esa época.
La cantina siguió su camino por la victoria pero por otros lados, como por ejemplo, la avenida Luna Pizarro. Así que se tuvo que mudar el Chalaco, a La Victoria para salvar su negocio.
Luego de unos años dio otro giro extraño su vida, en donde Pedro se ve obligado a cerrar la cantina por ciertas cosas que fueron sucediendo en su familia, como el nacimiento de sus tres hijos; que en un principio ayudaban en la cantina, los dos mayores, Oscar y Pedrito.
La decisión final se debió a que Chalaco se dio cuenta que esto no era vida para ellos, aquel barrio era muy movido, había mucha droga, rateros, dinero fácil, etc.
Pedro no recuerda bien la fecha en que exactamente cerró la famosa cantina, lo único que tenía en mente, era en darles una vida mejor a su familia, separándolos de ese barrio de querellas que se pierde a los lejos en un pasado inolvidable, el cual tuvo que recordar por unos minutos, sintiendo profunda nostalgia y pena que pocas veces después de éste tramo de su vida ha sentido hasta el día de hoy.
Nunca pensó abrir un negocio de éstos, pero la vida da muchas veces giros extraños.
Pedro, más conocido como “CHALACO” o “CHALAQUITO” de cariño como le decían en aquel barrio de antaño del Callao, “La Sétima”, donde vivió casi una gran parte de su vida, pero la más importante.
Chalaco, hizo un préstamo fuerte de dinero a una comadre sin ningún documento, ya que se trataba de una persona de confianza, que más tarde y después de varios meses ella devolvió el dinero, pero representado en una radiola del año 56’, no tuvo más remedio de quedársela. Así acompaño a él y a su señora esposa, todas las tardes frías del Callao con el deleite de los boleros y guarachas de los discos que en vueltas y vueltas resonaban.
Años después otro pedido de dinero bajo las mismas circunstancias, hizo que don Pedro consiga una tienda, también como forma de pago, en la cuadra 26 de la Av. México en La Victoria, en donde inició la aventura más bohemia de toda su vida y no por el alcohol, sino más que todo por las anécdotas y testimonios vividos y vistos, entre los trovadores de la noche con sus guitarras al compás de los cantos bohemios, con sus desdichadas vidas o un mal amor que solo se puede curar con canciones, y la cerveza que es como la comida diaria de estos señores.
Hay una frase en particular que “CHALACO” dice: “Si tú no tomas, no vives”.
Todos los días a partir del medio día se veía la cantina sin nombre, por cierto que abría sus brazos a los parroquianos y a los señores de antaño, ya que era el punto de encuentro.
El negocio iba bien, pero por el año 1970 aparecieron los llamados corralones o prostíbulos, donde mujeres del mal vivir sofocaban a todo parroquiano al pasar por ahí.
Juan Cansino, amigo intimo de Pedro, en una noche tan oscura solo en la barra sufre por la pena y el amargo sentir de la mujer que tuvo en sus brazos y que se envolvía con otros a espaldas de él, de lo que muy tarde se dio cuenta.
Su esposa tenía un amorío con un hombre de tez morena y grandes ojos con andar desatinado. Ella esperaba un hijo suyo y no de Cansino, todo iba bien hasta que uno de los amigos de la cantina vio a la mujer saliendo de una clínica pero al lado de otro hombre.
Lo que sucedía era algo tormentoso, solo le quedó a Cansino llorar y embriagarse en un mar de lamentos, por amar y amar a una señora que al final solo le dio amargura al corazón.
No sirvieron de nada los consuelos que Chalaco le daba, solo escuchar un bolero acompañado de una copa, con una voz única que en las noches largas en la cantina desfilaba, al compás de la radiola. Sin saber que hacer, tan solo sufrir por ese amor, que sabe jamás regresará.
Pedro vio a Cansino todas las tardes en la fiel barra cantando, después de varios meses lo único que pudo hacer, fue hablar con la señora aquella, por no decir el nombre, ya que está demás decirlo, pero ésta, no dio razones y se cerró en ideas vagas.
Cansino comentaba que la separación fue lo mejor para los dos, ya que a pesar de los hijos que tenían no podía perdonar tal humillación. Estos hijos se quedaron a custodia de él.
Ella solo se va como vino, como un huracán, como la encontré, como una moneda en la calle que sola la vez y la recoges en cada esquina sin darte cuenta.
Así fue el amor de ella, lleno de ilusión al comienzo pero con espinas directas al corazón con el pasar del tiempo. Y en el pensar de cada noche dedicada a ella, una “Falsaria” escuchaba siempre junto a él.
Pedro solo lo abrazaba, pero los dos tenían que salir adelante, triunfar en la vida.
Ésta vida acabada en cuanto al amor hizo mucho daño a Cansino, pero él sabe que no se dará por vencido.
Pedro con una voz tenaz y fuerte, para concluir ese sufrimiento y hacerle ver las cosas tal y como son le decía, "no eres plato de segunda mesa, solo fue una mala flecha al pasar por el mal destino que da giros inesperados, así como lo sucedido a mi cantina querida”.
Después de 4 años un alcalde apellidado Ruiz, cerró los prostíbulos y las cantinas por motivos de violencia en la vecindad, el mal vivir, por parte de las meretrices de esa época.
La cantina siguió su camino por la victoria pero por otros lados, como por ejemplo, la avenida Luna Pizarro. Así que se tuvo que mudar el Chalaco, a La Victoria para salvar su negocio.
Luego de unos años dio otro giro extraño su vida, en donde Pedro se ve obligado a cerrar la cantina por ciertas cosas que fueron sucediendo en su familia, como el nacimiento de sus tres hijos; que en un principio ayudaban en la cantina, los dos mayores, Oscar y Pedrito.
La decisión final se debió a que Chalaco se dio cuenta que esto no era vida para ellos, aquel barrio era muy movido, había mucha droga, rateros, dinero fácil, etc.
Pedro no recuerda bien la fecha en que exactamente cerró la famosa cantina, lo único que tenía en mente, era en darles una vida mejor a su familia, separándolos de ese barrio de querellas que se pierde a los lejos en un pasado inolvidable, el cual tuvo que recordar por unos minutos, sintiendo profunda nostalgia y pena que pocas veces después de éste tramo de su vida ha sentido hasta el día de hoy.
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