
Iqueño de nacimiento, pero nadie más limeño que él. Con gran nostalgia en el corazón, aparentemente eterna y con tantas ganas de vivir, que ni un niño de cinco años pudiera sentir.
Demetrio Pardo, más conocido como “Demetrio y medio”, ya que en estatura se iguala casi al conocido comediante Chespirito, y como él, tiene gran sentido del humor. Muestra una inocencia absoluta, que la mayoría de veces la comparte con los más pequeños, pero esta vez respecto a la edad, ya que niño que ve, niño que hace reír.
Llegó de Ica hace mucho tiempo, a la edad de 6 años. Vivía con su madrina en el riquísimo distrito del Rimac, en un barrio pobre, llamado en ese entonces “Malambo”. Era la época, de los negros esclavos, que al independizarse comenzaron a vivir en aquel barrio; ellos hacían muchas fiestas, llenas de gente, muy divertidas, llenas de vida, bailes y por supuesto las infaltables bebidas.
Después de esto, llegaron los tranvías, aquella época inolvidable. Ese lado del Rimac, se fue civilizando, llegó más gente a vivir, y aquellos negros fueron siendo menos, y ahora ya no es Malambo, simplemente son las cuadras 4, 5 y 6 de la avenida Francisco Pizarro, una de las más conocidas en éste distrito y que cada vez que cruza sus veredas recuerda esas épocas de diversión que le tocan siempre al corazón.
Así creció rodeado de gente mayor, de bebidas, de diversión y mucho relajo, alejado de su familia, la cual no conocía del todo, porque su regreso a Ica fue todavía a los 16 años.
Recién ahí conoció a sus tías, tíos, primos, tanta familia que el pensó que no tenía. Lamentablemente estuvo con ellos tan solo tres años, porque al cabo de esos años regresó a Lima, tenía la idea de ingresar al Ejército, y lo logró. Sorprendente porque su estatura era menos de lo requerido.
Viviendo ahora en La Victoria, un lugar un poco más peligroso, y siguiendo sólo, se dedicó a la bebida, recordando a su familia que casi gran parte de su vida no estuvo con él.
Llegó un momento en que se enamoró, y conoció a una mujer, muy linda ella, pero con un gran carácter también. Convivieron un buen tiempo, pero eran constantes las peleas, los gritos, todo debido a ese mal hábito de beber, que no era del momento, sino que traía consigo con el pasar de los años. Tuvo dos hijos, que por cuestiones del destino no ha visto crecer.
Se separaron al poco tiempo, y esto fue una de las tantas razones, pero la más fuerte, por la que recorría cada vez más sus bares favoritos.
Siempre buscaba los más pequeños, los más metidos, en el que nadie lo pudiera encontrar. Porque así quería vivir, alejado como siempre, y rodeado de vasos llenos de alcohol, de diferentes especies, porque a veces ni dinero tenía para comprar aunque sea una buena cerveza.
Inclinándose un poco a la contradicción tenía muchos amigos, mucha gente lo conocía, prácticamente en todo Lima, y es que en el transcurso de su vida ha llegado a vivir en cinco distritos, el Rimac, La Victoria, Lince, Barrios Altos y Villa El Salvador. En todos estos lugares siempre encontraba un bar en donde ahogar sus penas, y conocer más y más gente. Eso sí, todos los que eran sus amigos, le tenían bastante respeto, sabía que a pesar de todo era un buen hombre, un buen amigo que siempre iba a estar ahí para ayudar, para compartir y para beber.
Cuando falleció su madre decidió cambiar en algo su vida, dejar de tomar tanto, dedicarse solo a trabajar, porque siempre lo ha hecho, jamás dejó ni dejará de hacerlo. Pero no pudo con sí mismo y siguió bebiendo.
Siempre sin su familia, aunque en donde ha vivido y con quienes ha vivido lo han sido todo para él, a pesar de no tener lazos familiares lo querían mucho. Y nadie le cobraba alquiler en ninguno de los lugares en que ha vivido, ya que mayormente era conocido de muchos lados, y le tenían mucha confianza. Porque hay que dejar algo en claro, podía ser muy borrachín, pero jamás ladrón.
Habían días que aparecía golpeado en una esquina por haber bebido tanto, y por su no muy calmado carácter cuando el alcohol se le sube a la cabeza. Pleitista y sin razones, así se ganaba sus grandes golpes. Hasta que de tanto beber, se le comenzaron a hinchar los pies, le dolían mucho, y le dijeron que era por el alcohol, que dejará de tomar, por lo menos hasta que le pasara. Y así fue, dejó de tomar alrededor de dos meses, aunque para él fueron dos largos años. Y lo que ya todos se imaginan, a penas se curó, de nuevo a sus queridas cantinas.
Hay muchas cosas rescatables de Pardo, como todos lo llaman, y una de ellas es que la misma cantidad que ha bebido toda su vida, ha trabajado. Hubo momentos que no trabajaba en uno o dos meses, pero luego le salían cachuelitos y daba todo de él para hacerlos bien. Una característica importante del modo de trabajar, fue que hacía las cosas muy bien, casi a la perfección, pero también muy lentas, así hacía más largos los trabajos y los que lo contrataban se pasaban el dato y tenía mas trabajo. El pequeño detalle de algunos trabajos, fueron las quejas de ciertas señoras que lo habían contratado, ya que en un par de ocasiones llegó con la resaca del día anterior a trabajar. Esto lo fue mejorando, porque de ello dependía.
Ha aprendido de sus errores, sabe que no es un pan de Dios, pero también sabe que no le ha fallado a Dios en ningún momento.
“He vivido entre vino y rosario”, comenta una y otra vez porque vivió también en un convento.
Y puede que sea “El caballero de los Bares”, pero también es “El fiel caballero del Señor”.
Demetrio Pardo, más conocido como “Demetrio y medio”, ya que en estatura se iguala casi al conocido comediante Chespirito, y como él, tiene gran sentido del humor. Muestra una inocencia absoluta, que la mayoría de veces la comparte con los más pequeños, pero esta vez respecto a la edad, ya que niño que ve, niño que hace reír.
Llegó de Ica hace mucho tiempo, a la edad de 6 años. Vivía con su madrina en el riquísimo distrito del Rimac, en un barrio pobre, llamado en ese entonces “Malambo”. Era la época, de los negros esclavos, que al independizarse comenzaron a vivir en aquel barrio; ellos hacían muchas fiestas, llenas de gente, muy divertidas, llenas de vida, bailes y por supuesto las infaltables bebidas.
Después de esto, llegaron los tranvías, aquella época inolvidable. Ese lado del Rimac, se fue civilizando, llegó más gente a vivir, y aquellos negros fueron siendo menos, y ahora ya no es Malambo, simplemente son las cuadras 4, 5 y 6 de la avenida Francisco Pizarro, una de las más conocidas en éste distrito y que cada vez que cruza sus veredas recuerda esas épocas de diversión que le tocan siempre al corazón.
Así creció rodeado de gente mayor, de bebidas, de diversión y mucho relajo, alejado de su familia, la cual no conocía del todo, porque su regreso a Ica fue todavía a los 16 años.
Recién ahí conoció a sus tías, tíos, primos, tanta familia que el pensó que no tenía. Lamentablemente estuvo con ellos tan solo tres años, porque al cabo de esos años regresó a Lima, tenía la idea de ingresar al Ejército, y lo logró. Sorprendente porque su estatura era menos de lo requerido.
Viviendo ahora en La Victoria, un lugar un poco más peligroso, y siguiendo sólo, se dedicó a la bebida, recordando a su familia que casi gran parte de su vida no estuvo con él.
Llegó un momento en que se enamoró, y conoció a una mujer, muy linda ella, pero con un gran carácter también. Convivieron un buen tiempo, pero eran constantes las peleas, los gritos, todo debido a ese mal hábito de beber, que no era del momento, sino que traía consigo con el pasar de los años. Tuvo dos hijos, que por cuestiones del destino no ha visto crecer.
Se separaron al poco tiempo, y esto fue una de las tantas razones, pero la más fuerte, por la que recorría cada vez más sus bares favoritos.
Siempre buscaba los más pequeños, los más metidos, en el que nadie lo pudiera encontrar. Porque así quería vivir, alejado como siempre, y rodeado de vasos llenos de alcohol, de diferentes especies, porque a veces ni dinero tenía para comprar aunque sea una buena cerveza.
Inclinándose un poco a la contradicción tenía muchos amigos, mucha gente lo conocía, prácticamente en todo Lima, y es que en el transcurso de su vida ha llegado a vivir en cinco distritos, el Rimac, La Victoria, Lince, Barrios Altos y Villa El Salvador. En todos estos lugares siempre encontraba un bar en donde ahogar sus penas, y conocer más y más gente. Eso sí, todos los que eran sus amigos, le tenían bastante respeto, sabía que a pesar de todo era un buen hombre, un buen amigo que siempre iba a estar ahí para ayudar, para compartir y para beber.
Cuando falleció su madre decidió cambiar en algo su vida, dejar de tomar tanto, dedicarse solo a trabajar, porque siempre lo ha hecho, jamás dejó ni dejará de hacerlo. Pero no pudo con sí mismo y siguió bebiendo.
Siempre sin su familia, aunque en donde ha vivido y con quienes ha vivido lo han sido todo para él, a pesar de no tener lazos familiares lo querían mucho. Y nadie le cobraba alquiler en ninguno de los lugares en que ha vivido, ya que mayormente era conocido de muchos lados, y le tenían mucha confianza. Porque hay que dejar algo en claro, podía ser muy borrachín, pero jamás ladrón.
Habían días que aparecía golpeado en una esquina por haber bebido tanto, y por su no muy calmado carácter cuando el alcohol se le sube a la cabeza. Pleitista y sin razones, así se ganaba sus grandes golpes. Hasta que de tanto beber, se le comenzaron a hinchar los pies, le dolían mucho, y le dijeron que era por el alcohol, que dejará de tomar, por lo menos hasta que le pasara. Y así fue, dejó de tomar alrededor de dos meses, aunque para él fueron dos largos años. Y lo que ya todos se imaginan, a penas se curó, de nuevo a sus queridas cantinas.
Hay muchas cosas rescatables de Pardo, como todos lo llaman, y una de ellas es que la misma cantidad que ha bebido toda su vida, ha trabajado. Hubo momentos que no trabajaba en uno o dos meses, pero luego le salían cachuelitos y daba todo de él para hacerlos bien. Una característica importante del modo de trabajar, fue que hacía las cosas muy bien, casi a la perfección, pero también muy lentas, así hacía más largos los trabajos y los que lo contrataban se pasaban el dato y tenía mas trabajo. El pequeño detalle de algunos trabajos, fueron las quejas de ciertas señoras que lo habían contratado, ya que en un par de ocasiones llegó con la resaca del día anterior a trabajar. Esto lo fue mejorando, porque de ello dependía.
Ha aprendido de sus errores, sabe que no es un pan de Dios, pero también sabe que no le ha fallado a Dios en ningún momento.
“He vivido entre vino y rosario”, comenta una y otra vez porque vivió también en un convento.
Y puede que sea “El caballero de los Bares”, pero también es “El fiel caballero del Señor”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario