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lunes, 7 de abril de 2008

Entre el alcohol y la piel de una mujer

Me acuerdo haber pisado aquel lugar en mi niñez, no sé si fue en un momento desagradable en aquella oportunidad, pero no pude olvidar es aquel rostro nostálgico de recuerdos vagabundos, aquellas manos callosas de duro trabajo y su vestir harapiento de un bebedor bohemio, casi diez años después lo encuentro exactamente igual al señor Luís Manuel Merino Navarro (Lucho) con un pequeño y gran de talle a la vez, de que los años no pasan por gusto y ya casi a sus 53 años el sigue refugiándose en aquella “cantina” pasando desapercibido por más de uno.

“Con esta canción recuerdo aquella gran historia de amor, aquella gran decepción u aquella gran tristeza en mi corazón por Rosa, simplemente mi Rosa” así lo decía con cierto misterio.

La pareja en ese tiempo, solo pensaba en trabajar para comer en el comedor del barrio y formar familia para tener muchos hijos. Tuvieron historia en el barrio ya que se “amaban mucho” o tal vez solo amaba uno. Se escapaban para verse ya que sus padres de “Lucho” no veían con buenos ojos a Rosa, siempre solían decir que solo le interesa el dinero y otros se preguntaban el porqué del fracaso.

La vida le jugó una mala pasada según en un accidente perdió la visión del ojo derecho y ya no podría trabajar más tal vez fue ahí cuando ella se fijo en su mejor amigo, y sin vergüenza o pudor alguno comenzó una relación.

“Nunca quise reconocer o escuchar, mi equivocación el de amar con locura” al enterarse de que salía con su mejor amigo, hermano, compañero de trabajo fue una decepción grande que marco la segunda etapa de su vida él la llama “Un precipicio sin final”, empezó ahogar penas en su segundo hogar “la cantina” así lo calificó.

Al pasar casi siete años de viaje contante por las distintas cantinas de Lima, aislándose de todo aquello que la recordase. A su regreso al barrio se encontró un panorama desolador, pues perdió muchos amigos pero encontró a uno solo que siempre estaba para consolarlo el alcohol. Casi muere por el vicio pues empezó a consumir alcohol etílico, termino varias veces en un hospital con varios medicamentos alrededor de su cama.

La principal causa fue la muerte de ella, mi Rosa que tanto amaba, había muerto hace un año, corrió hasta su tumba y se quedo dormido tomando pues su amor estaba intacto. “Me hace falta su presencia, solo quiero contemplarla pero es tarde, muy tarde”. Su llanto es su segundo lenguaje.

“Mi vida se volvió un rutina desde ese día, me despierto donde haya dormido y me voy a la cantina y por ultimo termino en su tumba” pensar que fue muy feliz y ahora infeliz con una historia que apenas comienza.

El año pasado fue cuando el hombre se enteró que tenía un hijo de aquella mujer que lo traicionó y que a la vez mantiene su amor intacto. “me sentí feliz y a la vez triste, que podría darle yo si soy un borracho” fueron las palabras desoladoras de un hombre con el corazón en una mano y en la otra un vaso.

“Cuando lo vi por primera vez, salió su segundo lenguaje de manera incontrolable, apenas era un niño de 6 años, corrió abrazarlo pero se interpuso el su amigo que cuidaba y velaba por el niño. “Una vez más me robaron, esta vez a mi hijo” me refugio en el alcohol por penas amores decepción todo eso es un puñal en su corazón.

La vida pasa y pasa, y el tiempo se agota pues el trago y la vida bohemia le tenía la vida comprada. “Al paso por el hospital me entere de mi delicada situación, pues me detectaron cirrosis”, era el hombre con la pero suerte del mundo o había piso tierra muerta como muchos del barrio suelen decir, su destino estaba marcado, era estar al lado de su Rosa, como amaba a esa mujer y ya no importaba todo aquello que le había hecho solo terminar con ella en una tumba.

Ahora solo toma y toma con amigos que conoció en cantinas del distrito ellos son Juan Rogelio y Beto, se hacen llamar “Ivanes”. Cada sábado empieza en comer popular almorzando, luego al fumadero y por último la cantina. Los martes de cada semana acude a su control médico y se roba el alcohol etílico para poder saciar su sed como lo dice él.

Mientras seguíamos con la vida bohemia de Lucho una mujer toco a su puerta, cuando regresó hablo que en cantinas es común ver a hombres pero mujeres nunca en esta caso María es una de ellas que entre trago y trago tuvo una aventura que termino en la cama. “Y pensar que yo un borracho no podría tener algo con una mujer. Ella me ayuda mucho para ver a mi hijo a escondidas ya que se es difícil por su padre postizo.

“Sabes algo, no guardo rencor aquellos me hicieron daño, (Rosa y su amigo) solo me da tristeza la traición”, suelen decir que la botella ahoga pero es la salvación de Lucho.

“Hace un mes de entere que mi amigo (Felipe) está con cáncer” se puso pensar el cómo ayudarlo o como quedara su hijo, se sentía angustiado. Hace poco Felipe fue a su casa para rogarle que si faltara alguna vez que no dejara desamparado al niño que no lo haga por él, si no por Rosa que estaría feliz de ver a su padre junto a su hijo.

Su segundo lenguaje salió nuevamente ahogándose con el maldito licor que todos los días pasa por su vida acabando postrado en una cama, enfermo, triste, melancólico y tomando como hoy sin saber que va ser de su vida de la de su hijo, quienes lo extrañaran y quienes lo odiaran por terminar con su vida que pierde de manera absurda. Sollozando me dijo “solo espero estar junto a ella”.

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