“El triangulo amoroso"
Muchos amores parecían fallecidos en aquel lugar, una cantina,
Fernando, un hombre de 43 algo cansado de caminar mirada con llanto contenido por sentirse traicionado y burlado por entender que su romance fue de tres y no de dos que siempre fue un triangulo perfecto que aquella indecente armo.
Ella una mujer 20 años menor que el la típica historia del 40 y 20 ella pensaba en la rumba de esa noche y el en futuros perfectos con su musa compartida.
La conoció en una reunión religiosa. Teresa Muñoz era una fiel testigo de Jehová. Y como toda señorita bien portada mantenía su distancia. Se mostraba siempre recatada Es era la imagen que trataba de reflejar. Fernando Había asistido por primera vez a aquella reunión y su mirada quedo fija en ese angelical rostro y fue desde entonces que se juró conquistarla.
Pasó el tiempo y Fernando había logrado enamorar a Teresa pero un viaje inesperado hizo que él partiera al exterior. Antes de partir Frenado le prometió regresar para casarse con ella solo pedía tiempo, paciencia y fidelidad. Ella accedió a su petición.
Transcurridos 4 años Fernando retornó al país con la única ilusión de recuperar aquel primer amor. Buscó a Teresa con un gran ramo de rosas para cumplir la promesa del día de su partida.
Su rumbo fue la casa de teresa, al vela se quedo estupefacto del cambio que ella mostraba, el la vio como la mujer mas bella de todo el mundo y tan solo pensar que al caminar con ella y pensar en las adulaciones que recibiría por parte de ella.
De enseguida comenzaron con los preparativos por que vio que su don seña le fue fiel en cuerpo y alma, el muy idiotizado por la espera no creía ni en rumores, ni en nada solo en su boda que el esperaba con ansias.
Fernando salio atrabajar como siempre y no dijo nada de la hora que regresaría a su amada, cayo de sorpresa al caer escondiendo el crepúsculo y se avecinaba la noche, la calle era estrecha y no muy concurrida por la gente.
Pero lo que encontró acabó con toda esperanza acabó con su vida. Se sintió diseccionado con ira y furia, tiro lo que alcanzaba sus manos y lo que no lo buscaba para poder estrellarlos contra el piso, grito furiosamente eres una puta.
Fernando se entero que no era el único huésped de la cama redonda de la libertina pero se dejo engatusar por sus encantos por aquellas palabras subidas de tono por aquel cuerpo que ardía por solo rozarlo de aquella gracia divina de su juventud. El tercero en discordia era un hombre mucho menor que Fernando con un cuerpo atlético con natural sonrisa y desenfado al hablar y amar muy diferente a el que ya estaba un tanto cansado prefería amar a oscuras y en silencio.
Fernando encontró a la pecadora con las manos literalmente en la masa, masa corporal del aquel joven con ansias de amar el tercero en la cama, era trío perfecto pero a Fernando le dolía el corazón cada vez que recordaba aquel engaño, aquel triangulo perfecto es por eso que ahogaba en sus penas en cantinas lúgubres, con trago y cigarro en mano. El le cantaba aquella mujer ajena que había sido y compartida, el quería arrancar sus s penas en aquella cantina, aquel ambiente algo sucio y mal oliente ere el refugio ideal para su tristeza.
Allí el podía llorar y reír al mismo tiempo acompañado de amigos que le duraban una noche disfrutando de una noche fantasiosa que le hacia olvidar aquella mujer ajena. Esa vieja cantina se había convertido en su segundo hogar, los alcohólicos su familia y l bebida su alimento.
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