¿QUIÉN PUEDE SER EL TUTOR DE ESTE CICLO?

martes, 4 de marzo de 2008

UN SUEÑO


Meditando en la soledad de su habitación, Carla había comprendido al fin porque, en vez de haber conquistado su sueño, estaba fumando su cigarro número 40 ahogada por la impotencia de no haber logrado darse cuenta antes de lo que ahora por fin entendía.
Un año atrás se había reencontrado con dos personas que habían marcado su vida y a las que no veía desde su último día de clases de secundaria cuando, llorando se juraban amistad eterna, eternidad que duró el único año que se frecuentaron después del colegio, amistad que quizá ahora si duraría para siempre…
Los encontró en el lugar menos imaginado, tomando un café en el restaurante que estaba en la esquina de su casa. ¡Carlita!, exclamaron David y Katia al mismo tiempo, mientras la invitaban a sentarse a su mesa. Charlaron durante horas, recordando todas las travesuras de la secundaria y redescubriendo en los ojos de cada uno ese cariño que no había desaparecido.
David era ahora un sociólogo exitoso, el más ecuánime de los tres, siempre con su mirada seria y sus respuestas cortas pero llenas de sentido; Katia se había convertido en una actriz de renombre y seguía siendo la misma muchachita desenfadada que se aventuraba a todo sin medir las consecuencias y Carla era lo que sus amigos siempre soñaron que sería, una conocida escritora que había encandilado al país entero con sus historias, la misma soñadora que aún esperaba poder cambiar el mundo con sus ideas innovadoras. La razón por la que Dios quiso que nos encontremos aquí fue porque han pasado 20 años desde la última vez que nos vimos y sé que tanto ustedes como yo no hemos olvidado el gran proyecto con el que soñamos- dijo Carla y Katia sonrió con complicidad al recordar ese sueño mientras que el rostro de David pareció preocupado, desde muy jóvenes se habían prometido acabar con el rechazo a las personas con Sida, pues un amigo muy amado por ellos falleció de esa enfermedad, y ahora que se reencontraban esa promesa reaparecía y se reafirmaba en esa reunión.
Y comenzaron los planes: Carla comenzó a redactar un guión orientada por David, quien había estudiado mucho esa realidad y en aquel entonces dictaba conferencias en diferentes universidades y hospitales como esfuerzo por cumplir, de alguna manera, con su promesa y porque nunca se oyó decir que él haya faltado alguna vez a su palabra. Mientras tanto, Katia ya buscaba entre sus colegas a los intérpretes adecuados que la ayudarían a plasmar en escena todo lo que sus amigos y ella imaginaban.
Durante el primer mes el desarrollo del proyecto fue viento en popa, y se hacían grandes avances: la estructura de la historia ya estaba formada y Katia había conseguido que varias compañías logren financiar su proyecto ¡y hasta podrían llevar su obra a la pantalla grande!, pero claro-siempre con cuidado y pisando tierra Katia, Carla, las cosas no son tan fáciles como piensan, debemos pensar con la cabeza fría, sin apresurarnos- decía David, en su afán de hacer siempre las cosas muy pero muy bien; mientras que Katia respondía –pero chicos recuerden que el que no arriesga no cruza el río, vamos hay que aventarnos de una vez a la piscina, no nos podemos quedar pensando todo el tiempo y Carla simplemente soñaba con hacer el mejor guión del mundo y, quien sabe, si algún día hasta se podrían ganar un Oscar
Un día mientras David leía el periódico, encontró una nota en la que se hablaba del proyecto cuya información habían guardado tan celosamente los tres, ¿Quién podría haber difundido la noticia?...
Ese mismo día como a las 9 de la noche llego Katia con “excelentes noticias para todos” porque resulta que había dado una entrevista a un medio muy conocido y lograrían conseguir más apoyo. De lo que no se percató Katia es que ni a Carla ni a David les había hecho gracia la noticia porque a ellos nadie les preguntó si querían “aventurarse” o no.
Y comenzaron las pequeñas diferencias que luego se hicieron grandes enormes y gigantescas entre ellos, de repente a Carla ya no le gustaba el perfeccionismo de David, que parecía estar siempre criticando la manera en la que ella pensaba que se podría desarrollar la historia, y a Katia no le parecía que las cosas se estén dando tan lentamente y no veía la hora en la que el proyecto ya estuviera cristalizado y culpaba a David y su perfeccionismo de no poder hacer realidad el proyecto rápidamente.
Y mientras todos los medios de comunicación prestaban su atención al proyecto que “ya muy pronto se concretaría” y “muy pronto tendremos más información sobre los avances de esta nueva obra sacada adelante por nuestro mejor sociólogo, nuestra escritora más destacada y nuestra mejor actriz”, los protagonistas de esta historia olvidaban su trabajo en equipo y decidían hacer las cosas cada uno por su lado, para evitar problemas, críticas, discusiones, y así se logró un guión (escrito la mitad por Carla y la otra mitad por David), que en una parte carecía de sentido por la ausencia de datos que hicieran creíble la historia, y en otra parte era un relato simplón sin ningun recurso estilístico.
El día de la puesta en escena la voz general fue “¡Qué decepción!”, nadie aplaudió la pésima actuación de unos intérpretes que no comprendieron nunca que estaban actuando ni la construcción de un guión que estaba tan mal equiparado, y los tres amigos que muchos años atrás decían ser inseparables se separaron y cada uno intento seguir con lo suyo y olvidarse de que alguna vez tuvo un sueño que conquistar, y trataron de continuar cada uno con lo suyo, con muy poco éxito debido al incidente.
Y así fue que Carla, un año después, mientras fumaba su cigarro número 40, entendió que el trabajo debió haber sido en equipo siempre, no solo repartiéndose las labores, sino comprendiendo las barreras del otro y recordando que el otro también tiene cualidades.

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