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miércoles, 5 de marzo de 2008

LAS TRES HORMIGAS

Cuentan que en el extenso bosque amazónico, ese pulmón de la humanidad bañado por el río más largo del mundo; bajo la sombra de altísimos árboles como la lupuna, el cedro o la castaña, estaba uno de los innumerables nidos de hormigas de una especie, la cual ya ni recuerdo el nombre científico, pero igual les contaré.
El asunto es que, en esta desconocida ciudad subterránea; se supo de la historia de 3 hormigas obreras que habían crecido juntas desde siempre y además, estaban terminando de prepararse física y disciplinariamente, para afrontar sus vidas como lo que eran, hormigas obreras.
Nuestras tres amigas entonces, habían sido clasificadas para dedicarse en una de las tareas más agotadoras de las hormigas, ellas serian especialistas en el cultivo de alimentos, es decir, recolectar y trasladar todo aquello que pueda servir para la alimentación de la comarca entera, siendo separadas en diferentes rutas, casi sin enterarse donde iban a estar y como iban a terminar. Metros y metros, que quizás para nosotros sean simples pasos en pocos segundos, pero para ellas, horas y horas de largas colas cargando algo pesado en sus espaldas que las llene de orgullo, ¿porque saben algo? El trabajo no sólo dignifica al hombre, si nos ponemos a pensar, también el refrán le cae muy bien a estas hormigas.
Con el tiempo, y como suele suceder en muchos aspectos de la vida, una de las tres hormigas que ya habían empezado a laborar como obrera, se quejaba mucho; decía que no estaba conforme con lo que hacía, que el recolectar alimentos era el trabajo de más bajo, que su lugar no era ese, que debieron seleccionarla para otra tarea y a veces hasta soltaba disparates como decir que su clase no era la obrera, si no la de soldado.
Así, con ese pensamiento, sus respectivos jefes la fueron separando del grupo por su falta de compromiso no sólo con el trabajo, si no con la colonia; después de algunos días llegó la temporada más cruenta para muchos animales, la época de verano en la amazonía sudamericana, cuando llueven muchos días seguidos, imposibilitados así de salir de su hoyo para recolectar más alimentos. En el caso de nuestra comarca de hormigas, ellas bajo el liderato de la reina, tenían que sobrevivir con lo recolectado en todo el invierno. Como era de suponerse, nuestro egolátrico amigo obrero murió de hambre casi en las primeras horas de esta época, debido a que no trabajaba, y por ende, no le podía corresponder alimento alguno dentro de la comarca.
En cambio, nuestra segunda hormiga obrera, era obediente y cumplidora. Pero sus dificultades radicaban que en el traslado de alimentos, no era solidaria; siempre que iba a recoger hojas con todas sus compañeras, escogía las más diminutas y pequeñas, es decir, las que ella sola podía cargar y llevar; pero nunca se atrevía a llevar aquellas grandes hojas, las que lógicamente necesitaban del trabajo de 4 o 5 hormigas; y no lo hacía porque pensaba que así, se devaluaba su trabajo y además tendría que compartir dicha comida, y precisamente esa idea no le agradaba.
Con el correr de las semanas, sus colegas de trabajo se dieron cuenta de su excesivo egoísmo y la fueron echando de lado poco a poco, las hormigas de la clase soldados que resguardan los caminos hacia los alimentos, también se dieron cuenta de él y su fama se iba acrecentando llena de antipatía. A pesar de estar saludable, se encontraba sola; después de algunos días justo para ese entonces también llegaba la temporada de verano en la amazonía sudamericana. ¿Y que creen? Nuestra segunda hormiga obrera resistió un par de horas, pero no sobrevivió, nadie quiso compartir con ella sus alimentos porque simplemente ella no había colaborado, ni tampoco dejaba que toquen lo que creía era suyo, sin entender que todo era para la comarca entera.
Justo un día después de dicho acontecimiento, que casi nadie ni se enteró y que fue uno más y uno menos al igual que la hormiga que inició este relato. Nuestra tercera hormiga obrera estaba siendo desplazada de su labor de recolectora de alimentos, pero no, no es lo que ustedes pueden imaginar; si no lo contrario. Debido a su excelente labor de recolectora, siempre obediente con sus jefes, solidaria y amiga con todas sus colegas y hasta con los soldados que cubrían la ruta; sobre todo, por haber estado mucho tiempo trabajando.
La mismísima Reina de la comarca daba su visto bueno para que se le designase una nueva labor, junto a otras muy laboriosas hormigas obreras iban a estar a cargo ahora de la limpieza y cuidado de los huevos y las crías. Una tarea menos sacrificada físicamente, pero de más importancia dentro del nido de hormigas. Cabe recalcar que esta hormiga si resistió la época del verano, que más parecieron vacaciones y bonificaciones a sus días de arduo trabajo.
Un logro que no muchas hormigas recolectoras podían obtener y celebrar; y que si lo hizo esta nuestra tercera amiga que escogió el camino más difícil y poco usado. No hacer como la primera hormiga con su orgullo vacío y de plástico. A que reconocerse asimismo como uno es y aceptar la realidad en la cual nace y vive, afrontarla con orgullo y dignidad, no con la cabeza gacha si no todo lo contrario, ponerle todos los días de esa osadía corajuda para hacer las cosas de mejor manera. Pero no sólo eso, si no también entender el ejemplo de la segunda hormiga, que uno no puede hacer todas las cosas sólo, que en esta vida no solo basta aceptarnos a nosotros mismos, si no también a los demás, que en esta vida se necesita de amigos ya que nuestra naturaleza nos lo exige y que si nos fijamos con agudeza precisa, quizás y encontremos en ellos nuestra mayor fortuna, pues siempre que necesitemos de ayuda, allí estarán.

A veces la vida de muchos “insignificantes animales” entre comillas, puede enseñarnos mucho. ¿NO?
Por: Pavel Martiarena

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